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No
preconcebido Los ojos como lupas y los oídos como estetoscopios: ¡Ve un poco más allá susurra el habitante interior! Y nos abocamos a la tarea de ver a las abejas rondando a los girasoles como a esa negación que pensamos encierra el silencio. ¿Siempre es negación el silencio? A veces los ojos no dicen la verdad y actúan sin eficacia las improntas del alma. Consecuencia: el observador confunde las respuestas y como una bifurcación del tiempo nace una historia diferente a la historia que debía haber nacido. Inmediatamente, casi relajados, surgirá la misma voz confundida que dirá: ¡OH! ¡Bueno! ¡Perdón! ¡Qué tonto! ¡No debí haber dicho nada! O cualquier otra pavada por el estilo que funcionará como un puente hacia la nada incongruente de la decepción. En frente, ese quién que sin desearlo expresó lo que no quiso, se nos quedará mirando con el deseo de reconstruir cada pedazo de su mutismo. Imposible. ¡Fue el destino! diremos luego abandonados sobre el sofá del living bebiendo lo último del whisky, o fumando ese puro viejo y húmedo del abuelo Ricardo. ¡No tenía que ser! Y ya, convencidos, como pálidas mariposas de un día, dejamos que la vida se nos escurra seguros de esa suerte perra que tanto nos dura. ¿Y todo por qué? Se llama: "No preconcebido" y es la insana convicción de que un silencio es muchas palabras, pero que jamás será las palabras que esperábamos. Si, lo difícil es aprender sobre la simpleza. Amigos: no somos lo suficientemente pesimistas como para ver el reverso que es el optimismo. Vivimos una mixtura incálida... casi frígida, que sabotea toda posibilidad.
(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario. |
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