La imaginación como droga
Marcelo D. Ferrer
        La poesía despliega balcones que asoman a lo inalienable. Espacios míticos a los que se accede con la llave del espíritu. De diversa intensidad los trazos de la lírica... como estilos pictóricos que resaltan el temperamento del artista. Es el lenguaje interior que aflora. A veces con su carga angustiosa de respuestas; otras, simplemente, exaltando la belleza o como una impronta exteriorización del equilibrio. El poeta talla el sentimiento en letras; como un escultor lo hace con la piedra. Es un diálogo el arte supeditado a esa porción de materia que yace en la imaginación de quien observa. Pero como poesía no es sólo una expresión clásica de métricas, 
aquí me hallo: observando al viento seducir hojas secas.

            Un momento que no recuerdo, descubrí la narración inversa; aquella que no se pone frente a las letras, sino que las moldea. Abismos sondeables como puertas descorrieron el temperamento de personajes adormilados en la inconciencia. La ficción, un paraíso... ¿o un infierno?

Margot..., ¡tan esbelta!

Yo la observo cuando esculpe la tierra.

Sus manos son blancas, su piel: tersa.

Antes de que el hueco lo ocupara ella,

el invierno, más frío,

se poblaba de horas muertas.

Ahora viene hacia aquí y sonríe...

¿cómo explicarle que sin mueca ríe mi alma de sólo verla?

                                                                                                   (mdf,  hoy)

 

Margot no existe.  

Hay un mundo que tiembla bajo las teclas, que golpea, golpea y golpea; no puertas, sino con el ritmo del pulsar las letras.   


(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario. 

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