- Hace
algún tiempo, movida
por esa recóndita ternura que te pertenece
- y que de tanto en
tanto nos recuerda que no somos un mero mecanismo de
supervivencia, me pediste que escribiera algo dedicado a ti. Desde aquel
momento, ha transcurrido un tiempo perdido
en estériles intentos de reconciliación,
que fueron diluyendo aquella necesidad de sentirnos cerca.
- Por mi
parte, he de decirte, que los
surcos que con tu lava de amor hendiste en mi,
- guardarán
siempre su destino de paisaje.
-
- Se
ha dicho alguna vez que es al recuerdo donde viajan más a
menudo los
distraídos.
Como tú sabes no hubo ni habrá, seguramente, uno mayor que yo... que de
tanto en tanto, se suelta a navegar océanos emancipados de
olvidos.
- Será
por eso que bastante tarde o muy de madrugada -que es lo mismo-,
cuando me he sentido algo huérfano, he renovado mi
alma con tu imagen en mi recuerdo.
- Así,
al comienzo de un nuevo día, he sentido reiteradamente tu voz..., tu
risa. Aunque a la luz matinal, y luego del descanso que me
permitiste, haya buscado afanosamente convencerme de que sólo
se trató de un bostezo, o
si es más fino, un sueño.
-
- Eso
de soñar siempre me pareció un poco viejo, sabiendo para
mejor que los sueños no se dan siempre, pues tienen su origen en
la timidez del alma y la timidez del alma no es otra cosa que
postergar dosificadamente, o a veces para siempre, la intención
de modelarse para uno mismo, una vida más o menos linda.
-
- Cuando
analizo fríamente tu fenómeno en mí, descubro a la persona
por quien he reído y por quien me he lamentado un sin número
de veces... pero por motivos distintos a la gran mayoría de las
veces. Te
he sentido solitaria, melancólica, triste... incluso ansiosa... Siempre
te mostraste ante mi alegre y prolija; admitiendo pequeñas vanidades y
chispas viciadas de miseria; algunas ajenas, la mayoría,
mías.
- Te
admiro por eso, pues quien quiera que decida detenerse en ti, como lo
hice yo, encontrará a la persona que le agrada y que es como
el fuego que purifica al hueso.
- Si
acaso nadie se detiene con la dedicación que puse yo,
- no
sientas pena, no eres tu. Te
diría que muchas personas piensan que sólo su piel es la que
duele. Ciertamente, a esta ceremonia del vivir generalmente
concurrimos pocos... ya que cuando la luz se enciende, se
encienden las ideas y la gloria del espíritu, y muchos,
deambulan peleados con su espíritu haciéndoles faltar a las citas.
-
- Es
que somos tan absurdos, vos, yo y en general todos, que de tanto temer una
derrota, ni nos atrevemos a intentar el juego de jugar.
Pareciera que sólo hemos aprendido de nuestros mayores a
fingir para vencer -¿a quien?- A custodiar nuestro
territorio individual... ¡En fin!, a no darnos casi nada.
-
- Aquí
y ahora te diré que me esfuerzo para que no me importe tanto
mi piel.
- Quizá porque he comprendido vagamente
cada mensaje
- o
porque guardo bien nuestras experiencias.
-
- Estoy
y seguiré, porque tengo un mundo que conocer -aún faltando
mutuamente a la promesa de conocerlo juntos-. Pero
es que... gracias
a ti, he almacenado la suficiente sensibilidad como para advertir
que la primavera todavía perdura a mitad de la existencia y
seguirá estando... luego... y después. También por
ti, desmenuzo ahora las arenas del verano o saboreo las
delicias del mar que reposa en mis labios. Aunque lo más
trascendente sea, el que hayas logrado que pueda remontar las
cuestas del otoño para resurgir después, victorioso, de mis inviernos interminables.
-
- En
homenaje a nuestros días, a lo que conservo de ti y lo que tú
te llevaste de mí, te
propongo que un día cualquiera nos encontremos.
- Que ese día,
volviendo sobre nuestros pasos, demos vida a los momentos que
bañamos de esplendor. Para ello, elijamos un día especial. Podría
ser, si te parece, el 31 de abril de algún año de este jamás
insuperable... Así, acaso, nos quede la tranquilidad en el
alma al saber, que nuestros pasos de pétalos existirán
siempre,
- aún
cuando no tengan para su encuentro, un día que figure en el
almanaque.