La tragedia: un segundo misterioso. Fragmento de muecas más veloces que el sonido. Pétreas las caras como mascarillas, persisten en el eco de la memoria; un óleo sempiterno que a la tumba nos ha de acompañar. El grotesco es más grandioso que la imaginación del mejor artista. Es que no hay coherencia en la tragedia. La tragedia es la descomposición póstuma de la armonía. ¿Será la armonía un impasible momento de nuestro caótico deambular? ¿O la tragedia una pesadilla que se borronea después de la fatalidad? La muerte si es real. Tiene un rostro cuando proviene del cielo y fetidez cuando irrumpe sin anunciar. Cuando la muerte cruje desde el averno, viene pestilente a carroñar... Traicionera muerte que desde los abismos serpentea, crujiendo como fiera, meneando la materia... escindiendo al alma de la mueca onomatopéyica ahogada antes de aullar. No hay sueño, que por bueno, puro o celestial que sea, te pueda salvar. Al fin somos una escuálida cadena fácil de quebrar. La pucha que somos frágiles cuando el grotesco se pintarrajea con la sangre de la fatalidad. ¡Algún significado le habremos de encontrar, porque de otro modo, la vida, sería una pesadilla difícil de tolerar! De cierto hay, que un nutriente para la conciencia, es la bestialidad. Pero además de eso, ¿qué más tiene la tragedia para dar? Ni el poder de la mente, ni el amor filial; ni incluso, el amor celestial, puede evitar el dolor que la tragedia es capaz de causar, cuando desde los abismos, de vez en cuando, cuando ella quiere, dice ¡presente! Yo soy el mal. Marzo de 2004.
Nota del autor: Aún persiste la tristeza; es imposible parir por completo la pena de una ausencia... Mucho peor es parir la pena de decenas de ausencias cuando a los motivos no se los puede razonar. Pero hay un mensaje de esperanza -la esperanza es como una perla que brilla en la oscuridad-. Una Era de Paz tiene que llegar. En su transcurso, los seres humanos gozaremos de la armonía que guarda la sabiduría. Superada la mezquina visión del ignorante, al fin desarrollaremos el arma más poderosa que jamás hombre alguno por si sólo habrá de crear: la conciencia¹. Día a día me convenzo que la irracionalidad está siendo conducida hacia su fin. Aún cuando pueda parecernos que damos pasos en sentido inverso, en realidad, estamos dando enormes pasos hacia delante...
¹Conciencia: Facultad del espíritu humano de reconocerse a sí mismo y al mundo que lo rodea. Conocimiento del bien que debe hacerse y del mal que hay que evitar. Noción de lo justo. Conocimiento exacto y reflexivo de las cosas. Conjunto de nuestros juicios sobre los valores de las cosas.
(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario. |
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